La fragmentación como estrategia de supervivencia

11/11/2025 #Intangibles

La gente joven no utiliza mucho las redes sociales en el sentido que las usábamos los “millenials/gen z» en los 2010. Ellos no se conectan a Twitter, Facebook o incluso Instagram. En su lugar, solo usan números de teléfono, como hacíamos nosotros en la década de 2000; en su lugar mantienen conversaciones en línea, suelen hacerlo en grupos de mensajes directos, canales de Discord o subreddits. Pero, en su mayoría, cuando usan Internet, solo ven TikTok u otros contenidos de vídeo de formato corto.

Y esto es algo bueno.

Las grandes redes sociales centralizadas (como Twitter/X y Facebook) fueron un experimento increíble en la conciencia humana colectiva en los 2010. Sin embargo, pasada más de una década podemos decir que ese experimento fracasó.

El error fue asumir que lanzar a toda la humanidad a una sola plataforma para discutir política y cultura, con el objetivo de lograr un acuerdo, era una meta deseable. El resultado fue la antítesis: una polarización extrema.

La plataforma se convirtió en una trampa que recuerda al «Dilema del Prisionero». El modelo de negocio, basado en el engagement a cualquier coste, incentiva la estrategia «defectuosa» (publicar contenido indignante o tóxico para maximizar la visibilidad) sobre la «cooperativa» (la discusión constructiva). Cuando todos los usuarios (y la propia plataforma) eligen introducir porquería para maximizar su beneficio individual (visibilidad, ingresos), el resultado colectivo es una «plaza del pueblo» tóxica e invivible.

Esto pone en entredicho uno de los principios fundamentales de los modelos en red y el funcionamiento de la economía; el efecto red. Este efecto o “Ley Metcalfe” para el entorno puramente tecnológico nos explica que el valor de una red escala exponencialmente con el número de sus usuarios

Los manuales de microeconomía convencionales analizan este fenómeno bajo el concepto de «externalidades de red». En esta visión clásica, una red más grande es intrínsecamente mejor y más eficiente, creando barreras de entrada que pueden llevar a monopolios «naturales», como un sistema operativo dominante o, en este caso, una red social global. Que es el caso de los grandes monopolios/oligopolios digitales como Alphabet (Google, Youtube), Meta (Facebook, Instagram, Whatsapp), Amazon, Apple, Microsoft.

De forma similar, la teoría del comercio internacional nos explica que esto lleva a generar «economías de escala» (tanto internas como externas) impulsando la concentración, ya sea dentro de una empresa o en un clúster geográfico, para maximizar la eficiencia. Es lo que ha pasado con los modelos de negocio de código abierto, que comienzan como movimientos descentralizados con una comunidad fiel para acabar como grandes negocios corporativos centralizados.

Sin embargo, lo que estamos presenciando es que, en la interacción social, la centralización extrema lleva a la ineficiencia, en lugar de lo contrario, debido a una variable crucial: el coste de la fricción social.

El patrón subyacente que emerge es que la humanidad evoluciona para prosperar en comunidades más pequeñas y auto-seleccionadas. La centralización excesiva, lejos de crear valor unificado, genera toxicidad y sofoca la individualidad.

El mercado se está corrigiendo a sí mismo mediante la fragmentación. Las nuevas generaciones se alejan de estas plazas públicas fallidas y prefieren canales privados (grupos de DM, Discord) o el consumo pasivo de vídeo algorítmico (TikTok).

Fuente: https://www.noahpinion.blog/p/the-internet-wants-to-be-fragmented-6b5

La fragmentación no es un fracaso de la red; es una estrategia de supervivencia. Permite restaurar la moderación comunitaria y el fundamental «derecho a la salida» de los lugares que no te gustan, un pilar de la competencia de mercado que se había perdido en los monopolios centralizados. Los individuos buscan espacios mediados por la confianza y la semi-privacidad, conceptos más cercanos al «capital social» que a la eficiencia de red pura.

Este nuevo paradigma sugiere que la estrategia de negocio óptima en la era de la interacción social ya no es la conexión total e infinita, sino la creación de espacios que actúen como «membranas semipermeables», donde las personas puedan elegir con quién interactuar.

Volvemos a los entornos donde compartimos intereses comunes. Volvemos a nuestros bares, nuestros bares digitales.

La economía moderna parece atrapada en una fascinante tensión: buscamos la máxima eficiencia (IA, crédito infinito, redes globales), pero estos sistemas hiper-optimizados son, paradójicamente, los más frágiles y tóxicos.

Los modelos de economía convencionales (lo que se enseña en universidades y se aplica), se basa en la optimización de los individuos/empresas (eficiencia) y el equilibrio; todos asignamos nuestros recursos de forma racional para “maximizar la utilidad o el beneficio”. Por ejemplo el famoso modelo de crecimiento de Robert Solow se basa en los factores de producción (Capital y Trabajo) y la tecnología (A).

Estos modelos no logran capturar (entre otras cosas) es el valor de los intangibles y el coste de la fragilidad. El mercado, sin embargo, está empezando a ponerles precio. Demuestra que factores que la economía formal relega a supuestos o externalidades (la confianza en las instituciones, la autenticidad («alma») en una marca y el bienestar psicológico en la interacción social) son, de hecho, los pilares sobre los que debe construirse el valor y crecimiento a largo plazo.

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Jorge Segura - Jorge-Segura_lapiz (1)

Jorge Segura

CFO Externo

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