La ilusión monetaria: cuando la ingeniería financiera olvida la realidad
La teoría económica tradicional nos enseña que la posibilidad de tener acceso a un bien «asequible» (que pueda comprar cualquier) se resuelve fundamentalmente por el lado de la oferta (productividad), sin embargo existe un atajo por el lado de la demanda; aumentar el poder adquisitivo mediante la deuda, enmascarando la escasez subyacente.
El resultado es una «ilusión monetaria» donde la demanda se infla artificialmente, los precios de los activos se disparan y los consumidores terminan asumiendo un riesgo sin precedentes. Como veremos, esto no es solo una mala práctica bancaria; es una violación de los principios fundamentales que rigen la creación de valor.
Voy a aprovechar dos noticias recientes para explicar esta situación; la propuesta de Trump para aumentar las hipotecas a 50 años y el problema de la adquisición de coches en su país.
Veamos los dos ejemplos actuales.
#1 La trampa de lo «asequible» en los automóviles
El panorama de los préstamos para la adquisición de automóviles en USA es preocupante porque su tasa de morosidad (más de 60 días de retraso en el pago) ha superado los niveles de la Gran Crisis Financiera de 2008.
¿Qué impulsa esta ola de impagos? Un incentivo perverso que la microeconomía identifica como un “fallo de mercado basado” en información asimétrica y comportamiento irracional. El problema de fondo es que los concesionarios ya no solo venden coches; venden deuda. El vehículo es simplemente el cebo para el instrumento financiero.
Para maximizar beneficios, la industria ha extendido los plazos de los préstamos de los tradicionales 5 años a 7 años (84 meses) e incluso 12 años (144 meses).
Aquí es donde la realidad choca con la teoría. El modelo económico estándar de elección intertemporal asume que el consumidor es racional y calcula el valor presente neto de su decisión. Pero la ingeniería financiera explota lo que la economía del comportamiento llama sesgo del presente: el consumidor solo mira la «cuota mensual», ignorando el coste total.
Esto genera dos distorsiones graves:
- Un activo que se convierte en un pasivo): Al extender el plazo, la amortización del principal es tan lenta que la depreciación del coche (un activo real) supera la reducción de la deuda (un pasivo financiero). El consumidor debe más de lo que vale el coche. En otras palabras; llega un momento en el que el valor del activo no cubre el del pasivo para el comprador, por lo que a medio plazo está comprando deuda.
- Violación de la soberanía del consumidor: Autores institucionalistas como Thorstein Veblen ya advertían a principios del siglo XX que las empresas no solo satisfacen necesidades, sino que moldean los deseos para ajustarlos a su producción. Aquí, moldean la capacidad financiera para vender coches a precios inflados, convirtiendo un bien de consumo duradero en una carga financiera cuasi-perpetua.
#2. Hipotecas centenarias y el mito de la oferta rígida
Esta dinámica se vuelve sistémica en el sector inmobiliario con propuestas como la hipoteca a 50 años que acaba de lanzar Trump. La lógica superficial es seductora: «alargar el plazo reduce el pago mensual».
Sin embargo, esto ignora el principio más básico que encontramos en cualquier manual de economía: la elasticidad de la oferta.
/ El principio de Ricardo y la escasez
Si inyectas crédito (demanda) en un mercado donde la oferta de viviendas es rígida (inelástica) debido a zonificación o falta de suelo, el resultado matemático es inevitable: los precios suben, la cantidad no cambia.
David Ricardo, uno de los padres de la economía clásica ya explicó esto hace dos siglos con la «renta de la tierra». Si el recurso es fijo, cualquier aumento en la capacidad de pago no premia al productor por hacer más casas, sino que se transfiere directamente al dueño del activo en forma de rentas más altas.
La hipoteca a 50 años no hace la vivienda más asequible; simplemente hace que la vivienda sea más cara, porque permite a los compradores pujar más alto con el mismo salario mensual. Transforma la casa de un activo de refugio en lo que etimológicamente significa hipoteca: una «promesa de muerte» (death pledge), donde la acumulación de capital es casi nula durante la primera década.

#3 Consecuencias para la estrategia: el retorno a los fundamentales
La lección que emerge de este patrón dual es crítica para cualquier estratega financiero o directivo:
- La falacia de la demanda infinita: Ignorar la restricción de oferta (ya sean casas, chips o talento) y tratar de arreglarlo «financiando al cliente» es una receta para la burbuja. Cuando el valor de los activos se desvía de sus fundamentales debido al crédito fácil, la corrección es inevitable y dolorosa.
- Ingeniería financiera vs. productividad: Hemos olvidado la distinción clásica entre creación de riqueza (producción) y transferencia de riqueza (rentismo financiero). Las hipotecas a 50 años o los préstamos de coches a 12 años son mecanismos de transferencia de riesgo del banco al consumidor, no soluciones de solvencia.
- El riesgo de Minsky: Al extender la deuda sin amortizar principal, estamos empujando a los consumidores hacia lo que el economista Hyman Minsky llamaba «financiación Ponzi»: la supervivencia del deudor depende de que el precio del activo siga subiendo para siempre. Cuando la música para, el consumidor se queda sin silla y con toda la deuda.
La verdadera asequibilidad solo viene de la eficiencia y la producción, nunca de la firma de un nuevo pagaré.
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