Dispersión de creencias y convicción: por qué el desacuerdo predice tu éxito

En las escuelas de negocios y el ecosistema emprendedor se repite hasta la saciedad que debes validar tu idea lo máximo posible y mostrar esa tracción al mundo. Que los hitos regulatorios, los datos de tracción temprana y las conferencias del sector demuestran al mercado que tu modelo funciona.

Un working paper de Joshua S. Gans publicado el mes pasado por el National Bureau of Economic Research demuestra “matemáticamente” que esa premisa es, en el mejor de los casos, incompleta, y en el peor, un error estratégico costoso. Gans formaliza matemáticamente intuiciones previas de Felin y Zenger (2009, 2017) sobre el emprendedor como teórico, el programa de Emprendimiento Bayesiano de Agrawal et al. (2025), y la célebre pregunta de Peter Thiel: «¿sobre qué verdad importante muy pocas personas están de acuerdo contigo?».

No soy muy amigo de las demostraciones matemáticas de economistas en papers para presentar como verdad una realidad muy compleja y puramente humana, de hecho no me gustan. Sin embargo este paper me ha gustado porque pone en tela de juicio una verdad aceptada y da argumentos de por qué es correcto justamente lo contrario, así que vamos a desgranar los argumentos y conceptos interesantes que utiliza para ello.

La tesis del paper: el valor empresarial no nace de ser optimista sobre una oportunidad. Nace de ser optimista sobre algo que tus rivales, con la misma información y la misma racionalidad, simplemente no comparten.

#1 La varianza no es riesgo: es desacuerdo racional

La premisa central del modelo es sencilla. Cuando dos emprendedores observan la misma oportunidad, pueden llegar a conclusiones opuestas sobre su valor. No porque uno tenga mejor información, sino porque aplican teorías causales diferentes sobre cómo funciona el mundo.

En la economía convencional, la “varianza de un mercado” representa riesgo financiero. Gans la redefine como la amplitud del desacuerdo racional: la anchura del rango de opiniones que personas inteligentes pueden legítimamente sostener. Un mercado de baja varianza es uno donde todos ven más o menos lo mismo (abrir una franquicia, clonar una app). Uno de alta varianza es donde las personas racionales discrepan profundamente (los inicios del cloud, las tecnologías disruptivas que aún no han demostrado su mecanismo).

Esta redefinición conecta con la distinción clásica de Frank Knight entre riesgo (probabilidades conocidas) e incertidumbre (probabilidades desconocidas). Lo que el autor modeliza es incertidumbre knightiana traducida a un parámetro estratégico: no mide la probabilidad de fracaso, sino la diversidad de lecturas racionales sobre la oportunidad. Este enfoque me parece brillante.

La pregunta relevante para un fundador no es «¿es buena esta oportunidad?» sino “¿es mi convicción lo suficientemente superior a la de mis posibles rivales?” La amenaza de que otros competidores entren al mismo tiempo crea un “impuesto al optimismo”: un umbral de rentabilidad ajustado por la expectativa de que la competencia sature el mercado y destruya los márgenes. La diferencia entre tu convicción interna y ese impuesto competitivo es lo que Gans llama “contrarían surplus”, que no tiene una traducción directa al español y a la que me referiré de aquí en adelante como “excedente de convicción”.

Si tienes “excedente de convicción” entras al mercado. Si no, te quedas fuera o esperas.

El e»xcedente de convicción» también lo podríamos traducir como «renta de la discrepancia», se refiere al beneficio de esa discrepancia por la convicción. Lo que el autor añade al beneficio que procede de la innovación es que este sobrevive en la medida que pocos rivales comparten tu lectura del mercado. El “excedente de convicción” cuantifica exactamente cuándo ese beneficio resiste la presión competitiva.

#2 El efecto de la incertidumbre depende de cuánto cuesta jugar

Hay un resultado contraintuitivo que el relato emprendedor convencional nunca cuenta. El efecto de la dispersión de creencias sobre tus posibilidades depende críticamente de cuánto cuesta entrar al mercado.

Si el coste de entrada es bajo (franquicia, app competidora), más dispersión te ayuda. Al ensanchar el rango de opiniones, muchos potenciales imitadores caerán en la cola pesimista y se quedarán fuera.

Si el coste de entrada es alto (tecnología radical, desarrollo de años), más dispersión te perjudica. Solo entran creyentes extremos. Más dispersión genera más creyentes extremos, no menos.

Lo que autor añade a la teoría clásica de barreras a la entrada es una barrera que podemos llamar cognitiva: la opacidad intelectual del mercado. Un mercado donde pocas personas comparten tu teoría causal genera una barrera natural contra la imitación que no requiere patentes ni economías de escala. Tu protección no es legal ni tecnológica; es que los demás no ven lo que tú ves.

Esto conecta con algo que ya exploré al hablar de enfoques contraculturales para construir valor: posicionarte contra las tendencias dominantes puede ser más efectivo que seguirlas. Lo que Gans formaliza es el mecanismo por el que eso funciona: cuando tu lectura diverge de la lectura dominante, estás explotando una barrera cognitiva que protege tus márgenes.

#3 La ventana de varianza: ni demasiada transparencia ni demasiada opacidad

Quizá el resultado más potente del paper para un CEO que evalúa un mercado nuevo: para un fundador con convicción fuerte pero no extraordinaria, y coste de entrada alto, existe un intervalo acotado de dispersión de creencias dentro del cual la entrada tiene sentido. Fuera de ese intervalo, no.

Si el mercado es demasiado transparente, tu ventaja no existe: todos ven lo mismo. Si es demasiado opaco, la competencia de otros visionarios te come los márgenes. El punto productivo está en el medio: suficiente opacidad para que muchos rivales no compartan tu convicción, pero no tanta como para que los pocos que sí la comparten generen una guerra de atrición.

Esto contradice el relato popular de que «la mayor disrupción ocurre donde hay más incertidumbre». No necesariamente. La mayor actividad emprendedora exitosa puede concentrarse en entornos de incertidumbre intermedia. Tu trabajo como estratega no es buscar la máxima incertidumbre; es encontrar entornos donde la dispersión de opiniones juegue a tu favor.

#4 El silencio de tus rivales es la señal más valiosa del mercado

El paper introduce una dimensión temporal que cambia la lectura del problema. En un mercado real, un fundador que no está seguro de si un rival bien financiado va a entrar puede decidir esperar. Y aquí entra un mecanismo curioso: el silencio es una señal pública. Si pasan meses y tus rivales no mueven ficha, eso revela matemáticamente que son menos optimistas de lo que temías.

En el juego estático (todos deciden a la vez), hay niveles de incertidumbre que te bloquean la entrada. Si la dispersión de creencias es muy alta y tu convicción es fuerte pero no extraordinaria, el impuesto al optimismo te supera y no entras. Fin de la historia.

En el juego dinámico (puedes esperar y observar), el silencio de los rivales va revelando periodo a periodo que no son tan optimistas como temías. Esa información reduce gradualmente el impuesto al optimismo. Con suficiente paciencia, ese impuesto cae tanto que lo único que necesitas para entrar es que tu proyecto sea rentable si estuvieras solo en el mercado. Sin competidores. Es decir: que tus ingresos esperados menos el coste de entrada sea positivo, sin descontar nada por riesgo competitivo, porque el silencio prolongado ya ha eliminado prácticamente ese riesgo.

En esencia todo se resume en la siguiente pregunta: ¿este proyecto me sale a cuenta si no tuviera competencia? Si la respuesta es sí, el juego dinámico garantiza que eventualmente entrarás, porque el tiempo irá despejando el miedo a que un rival se te adelante.

Esperar no es rendirse; es una estrategia activa cuyo valor depende de tu capacidad financiera para aguantar. Aquí conecta directamente con la eficiencia de capital y la empresa soberana: una empresa que vive de sus beneficios y no depende de financiación externa tiene más capacidad para explotar el valor del silencio. Su tasa de descuento es menor. Puede permitirse esperar.

El propio paper nos explica el casi de Amazon en 2003 es el ejemplo canónico. Su equipo evaluaba construir infraestructura cloud como negocio independiente. IBM, HP y Dell mantenían teorías causales diferentes: creían que el gasto tecnológico sería siempre hardware más servicios. La convicción de Amazon estaba tan por encima del umbral competitivo ajustado que el valor de esperar era inferior al de actuar. Entraron como monopolistas de facto, no por mejor información, sino porque la dispersión de creencias era tan amplia que su convicción extrema quedaba fuera del radar de sus rivales.

#5 Validación privada vs. pública: la penalización por legibilidad

Aquí llega la idea que desafía el dogma del ecosistema emprendedor.

Cuando una empresa busca validación pública —presentar resultados, publicar métricas, anunciar hitos— no solo se da seguridad a sí misma. Educa a todo el mercado. Hace que la oportunidad sea legible para competidores que antes eran pesimistas. Esos competidores corrigen su visión, el umbral competitivo sube, y una parte del “excedente de convicción” se evapora.

La validación privada —diligencias propietarias, experimentación interna, conversaciones bajo confidencialidad— aumenta tu convicción euro por euro sin mover el umbral competitivo. Cada unidad de convicción ganada en privado rinde más que la misma unidad ganada en público.

No obstante, el paper introduce un matiz importante, que la validación pública no destruye completamente tu ventaja. La reduce parcialmente. La fracción que retienes depende de la amplitud del entorno y de lo destructiva que sea la competencia directa. En mercados que crecen rápido (caben varios jugadores), la penalización es baja. En mercados en lo que uno se lo lleva todo, es brutal.

Imagina dos startups de IA que ejecutan un piloto exitoso. La primera lo hace en privado y comparte solo con inversores bajo confidencialidad. La segunda publica un benchmark abierto y lo presenta en conferencia. Ambas han aprendido lo mismo. La primera retiene el 100% del incremento como “excedente de convicción”. La segunda solo una fracción, porque sus rivales han leído el benchmark, han actualizado sus estimaciones, y el umbral competitivo ha subido.

La recomendación no es «nunca valides en público». Es: a igualdad de contenido informativo, prefiere siempre el canal privado. Cuando necesites legibilidad pública (financiación, talento, regulación), reconoce que estás pagando un coste estratégico y evalúa si el beneficio lo justifica.

#6 El desacuerdo de los expertos predice tu éxito

El paper integra un estudio empírico de Luca Gius (2025) sobre 67 competiciones de emprendimiento y 2.650 startups. El hallazgo fundamental: el desacuerdo entre jueces predice positivamente el éxito futuro de la startup. El efecto se mantiene controlando por la nota media. Dos startups con la misma valoración promedio difieren sistemáticamente en resultados futuros según lo polarizantes que sean.

Las startups polarizantes no fracasan más que las consensuadas. El desacuerdo no mide riesgo, mide que la oportunidad opera donde las teorías causales divergen radicalmente. Exactamente el entorno donde el “excedente de convicción” es positivo.

Detalle revelador: los jueces que se desmarcan del consenso para apoyar ideas polarizantes son, desproporcionadamente, ex-fundadores. Reconocen el patrón porque lo han vivido.

Un matiz: el modelo no dice que más desacuerdo sea siempre mejor. Dice que contiene información más allá de la media. Si tu proyecto genera opiniones enfrentadas porque opera donde las teorías causales divergen, estás en el terreno correcto. El consenso de los expertos predice retornos mediocres porque señala un mercado donde la ventaja será rápidamente erosionada por imitadores.

#7 Qué significa esto para un CEO

La pregunta en tu reunión de dirección nunca debe ser solo «¿es buena esta oportunidad?». La pregunta es: «¿tenemos una convicción sobre esta oportunidad que nuestros competidores mejor financiados probablemente no comparten?» Si la oportunidad es tan legible que todos ven el mismo potencial, la entrada de imitadores devorará los beneficios.

No busques deliberadamente el desacuerdo. Busca oportunidades donde tu lectura del mercado diverga estructuralmente de la lectura dominante. Si eso genera desacuerdo entre evaluadores, no lo corrijas. No diluyas tu modelo para agradar a la media.

Si tu mercado tiene una dispersión tan alta que la entrada inmediata parece suicida, no abandones. Espera. Observa. Su silencio es tu mejor fuente de inteligencia competitiva. Y si tu empresa es financieramente autónoma —vive de sus beneficios y puede permitirse el tempo largo— el valor de esa espera se multiplica.

Recuerda proyectos de tecnologías radicales fallidas —Theranos, Segway, Webvan—: discrepar con convicción no genera valor por sí mismo. Estos fundadores tenían convicción extrema en entornos de altísima dispersión, pero fracasaron porque sus teorías causales eran incorrectas. El “excedente de convicción” solo vale si tu teoría del mundo acaba siendo correcta.

Los grandes rendimientos no se consiguen simplemente teniendo razón sobre el futuro. Se consiguen teniendo razón en algo donde tu competencia, con los mismos datos, cree que estás equivocado. Algunos entornos recompensan la entrada inmediata, otros la paciencia, y otros no justifican entrar. La convicción privada vale más, euro por euro, que la convicción pública. Y el silencio de tus rivales no es ausencia de señal: es la señal más valiosa que el mercado te puede dar.

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Jorge Segura

CFO Externo

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